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		<title>Sin vuelcos en las papilas gustativas</title>
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		<pubDate>Wed, 25 May 2011 13:59:16 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>“Te invito un ron”. Así me escribió en un correo electrónico, segura de sí misma y de las posibilidades de que ese anzuelo no sería despreciado por la voracidad sedienta de Virgilio al acecho. En efecto. Dije sí. ¿Dónde nos vemos? Se declaró lectora ferviente de la primera temporada de Burlesque por allá de los últimos días de siglo pasado. Suplemento de cultura Acento, última página. Columna para bajarle la temperatura intelectual al radiador. Pactamos en los portales de cantera rosa un sábado en la medianía de la mañana cuando el sol incendia las retinas. Noche anterior en la normalidad del discurso rocanrolero findesemana aleluya: ron y más ron. Calaveras y diablitos formados para la manifestación del festejo inmoderado por inagotable. En aquellos pretéritos en que terminar el jolgorio a las cinco de la madrugada era considerado acto fresa. No recuerdo la hora en que Morfeo me atrapó en su desesperada manía de violentar siempre mi vocación vampírica. Entonces soltero, el manotazo para despertar fue del despertador. En ocasiones normales, el aparato saltaba en parábola por los aires para caer ya debilitado sobre el piso, no había rin rin rin posible hasta las dos o tres de la tarde en que la resaca disparaba efluvios de vigilia. Pero aquel día yo tenía una cita. Pactada por la dinamita de una mujer que se atrevió a considerar mis palabras como cierta pulsión de cotidianidad suya, muy suya, intrínsecamente suya. Entonces baño agua caliente (poros abiertos para evaporar los grados gay lussac), agua fría para cerrar tejidos y enjabonar el cuerpo como supuesta anestesia al hedor noctámbulo que persevera en los sudores y en los alientos… Cepillo y pasta que indefectiblemente y por descontado, me provocan inmoderados ascos como si quisiera sacar a pasear los intestinos (incluso sin gota de alcohol de por medio). Si me lavo los dientes es por simple y llana higiene, pero no por gusto a la bio a la bao a la bim bom bá. Desodorante en catarata. Golpe en la barbilla frente al espejo como actitud de galanazo playero dispuesto a la conquista de bañistas en bikini. Tsuru rojo en marcha rumbo a la consumación del ego y la vanidad del escritor que levantó suspiros en la Coleccionista de Soterradas Historias. Dato anecdótico: obvio, voy retrasado por tanto esmero en la selección de atuendo negro, Beatles en la portada barriga pecho para no variar… Quedamos a las doce y yo me bajo del caballo carmesí por ahí de la media hora más. Voy al sitio acordado para ratificar si la admiradora es tan leal como audaz. Insisto, de que se me inflama la soberbia hasta lo globos de cantoya me vienen chicos… Paso sin pasar, llego sin llegar. Es decir que primero doy un par de rondines para echarle un ojo al material… ¿Soy denigrante u honesto? Échele a la balanza, lector. Miro de reojo a una menuda mujer de cabellos largos y mirada lánguida maravillosa. Escaneo: minifalda negra, piernas delgadas bien plantadas = pechos grandes sólidos. Saco las mejores credenciales de mi atribulada humanidad. Voy al desbarrancadero. Hola yo soy… Mucho gusto… Estoy nerviosa… Yo también… No suelo hacer esto nunca… Te quería conocer… Te leo… No te engaño, traigo una cruda proverbial… Vamos a comer, te invito… Subimos al último piso de la Casa del Portal. Restaurante fresa y caro para las porciones que suponen los precios y mi apetito gabinete ampliado. Sin embargo, escritor quiere quedar bien ante los ojos miel y la boca de terciopelo que cerveza oscura tras cerveza oscura, revelaría los empeños de una mujer post-adolescencia con ganas de subirse a la vorágine devastadora del pis and lov. Me gusta el teatro, soy actriz, quiero dedicarme a eso… La tarde se prolongó hasta los mil doscientos pesos. Borrachos nos dimos el primer beso. Largo y sin cortapisas. Lengua contra lengua como si ambos desde la prehistoria del amor… Simplificamos aduanas y nunca nos exigimos pasaporte bucal, por el contrario, sólo la explicación del tú a tú que se desliza por intercambio de hálitos más allá de la moralidad permitida en una bucólica mesa de bien nacido restaurante moreliano. Mejor no dar función sin cobrar entradas. Se nos calentaba el motor y los meseros nos tragaban de reojo. Pagamos. Salimos a la cantera. Surfeamos la ciudad con inmoderada indecencia. Nos refugiamos en el Callejón del Romance, pero hasta el nombre comparecía guango porque lo nuestro aquella tarde sobrepasaba los sustantivos amatorios y se suspendía en una interminable burbuja del tú aquí y yo quiero hurgar en todos tus centímetros. Pura y absoluta dermis. Y fue tan caótico como honesto. Tan bomba atómica como aleteos en el vientre. Tan terremoto como inaudito. Excepcional. Fotografía. Grabado indeleble. Cuántos amoríos deben pagar peaje semana tras semana mes por mes año tras año para apenas conseguir la promesa de la mano sudorosa o hasta que la muerte los separe, y por el contrario, nunca desenmascarar los misterios del otro, los ventrículos de ese corazón fruto que se devora a mordidas en la encrucijada ahora más natural y sin quejidos moralistas. Hicimos lo nuestro en alguna banca de ese parador ilustre y quedamos exhaustos de la naturalidad con que dos fauces se devoran sin ofertas, sin demandas…</p>
<p>Desde entonces pasaron innumerables circunstancias que no aportan al melodrama porque sencillamente no lo hay. Entre dragones el fuego es veneno. Quizás nos habremos asistido muertes lentas dos o tres o cuatro veces sin mayor oficio que la despedida. Ya luego se matrimonió, cambió de ciudad, divorció, volvió sobre sus pasos. Me extirpó de su curriculum cuando necesitó regalarse intensas dosis de prudencia y cordura. Pero bien sé que de vez en vez se le desatan los demonios y refrenda su enjundia cavernícola. La última vez dijo que lo suyo: familia estable, fotografías sobre el buró, pantuflas, pijama a prueba de balas… Que el teatro no y la oficina con escritorio sí, la tienda departamental, la productividad sin dejos alcohólicos, sin gatillo en los sesos, sin vuelcos en las papilas gustativas… Supongo que una vez más me asesinó.</p>
<p>antoniomonter@hotmail.com</p>
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		<title>Insulso, banal y anodino: Yo</title>
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		<pubDate>Tue, 29 Mar 2011 16:26:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>burlesque72</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://burlesque72.files.wordpress.com/2011/03/autorretrato-con-disfraz-de-velasquez-fernando-botero.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-33" title="autorretrato-con-disfraz-de-velasquez-fernando-botero" src="http://burlesque72.files.wordpress.com/2011/03/autorretrato-con-disfraz-de-velasquez-fernando-botero.jpg?w=241&#038;h=300" alt="" width="241" height="300" /></a>Indómito e indisciplinado como soy, sólo podría aspirar a que me gobernara la manía noctámbula de ejercer la contemplación (que igual podría ser matutina o vespertina, pero la noche es menos hipócrita e incólume ante la moral doble, además aborrezco mi somnolencia matutina). Sin más. Vaso frenesí vodkero en mano. Ojotes bien abiertos. Zoom in o grandilocuente lupa a los lupanares donde las directrices cotidianas no son aquellas que la correcta política y el buen dormir. Ni pantuflas ni pijama. Pero de entrada, esos territorios lumpen, que de tan sórdidos hasta parecen igualarse al cotidiano laboral, no son en exclusiva las cantinas los bares los burdeles los callejones las alcantarillas o cualquiera de las cavidades ventriculares de la ciudad. Si algunos de mis reducidos (en cantidad, que no en tamaño) lectores, encorsetan mis desvaríos escriturales en la cutánea e invariable repetición del sexo, los alcoholes y el rocanrol, es decir, en la insuficiencia renal periodística, pues motivos y sesudos análisis habrán realizado para concluir que Virgilio Burlesque Boy, debería (deontológicamente, aunque suene a reiteración o Perogrullo) aprovechar su cuestionable armamento neuronal y los seis mil caracteres semanales (indebido derroche), para dar cuenta de temas más prósperos a las urgentes necesidades de la desmoronada nación mexicana. Es decir, malhechor, canallesco y facineroso por mal utilizar el tiempo de los otros… Pérfido, dirían las abuelas exquisitas, instruidas en el bolero trío guitarrero siglo pasado. Truhán. Bandido. Pero hay un Dios que castiga una y mil veces a los de tu especie con un patíbulo incandescente, donde el cadalso será la diatriba contra ti y los tuyos relatados hasta la ignominia, y la soga, tu inexistencia en los circuitos periodísticos e intelectuales: No darás conferencias, cursos o talleres destinados a los canonizados vitalicios, amén. No aparecerás en las presentaciones de libros organizadas por la Secretaría de Cultura a menos que un amigo tuyo sea el encargado de Salas de Lectura, y los autores sean ¡oh, gran pecado! ajenos a Michoacán, amén. No aparecerás en el palomeo de listas de los autonombrados “Periodistas”, amen. Y menos, menos, menos que menos Monter, en aquellos inventarios auto inventados por los notables “Escritores Michoacanos”, ya sean poetas o narradores. Si acaso un cronista bajo la mesa. Y ya en el afán de la tiniebla, no esperes tu fotografía en el cuadro de honor académico, de los que sí son, los que sí saben, los que sí leen, los fabulosos, lo que sí imparten sesudas clases, sí hablan en lenguas extranjeras, sí traducen el latín y sí acumulan horas vuelo en interpretaciones y análisis… ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero… amén. No aparecerás. Es el destierro. Y todo, porque mi destemplada educación fue al cobijo de quienes entienden el periodismo y la escritura como un acto lúdico en principio, placentero por encomienda e irreverente por salud mental. La mía, por lo menos. Y, bueno, ¿a qué tanta alharaca macilenta? La crónica en doble carril hacia un mismo destino: 1) Lugar: Facebook, la aterradora red social, dónde, dicen mis alumnos… todo se sabe o de todo se entera uno, cómo si algún omnisciente Gran Hermano nos observara con su monóculo joyero Monte Pío. El pecado cometido: Publiqué en mi muro (para los neófitos por indiferencia o desdén, algo así como la fachada de mi casa) que hace las veces de graffiti comunitario, una entrevista de la reportera Sanjuana Martínez en la que obtiene declaraciones lapidarias sobre la guerra antinarco del secretario de Seguridad Pública (entonces en Torreón, hoy en Quintana Roo), general en retiro Carlos Bibiano Villa. Sarcástico, soez y aventurado como el Borras o Quasimodo, ¿sin modo?, aderecé la nota extraída del periódico La Jornada con un guiño exacerbado: “joyita periodística&#8230; a ver si un día en Morelia fashion journalist”. Zas. Golpe bajo. ¡Cómo se atreve! Y si debo añadir espumarajos a mi sentencia, no es la primera vez. Veredicto: Entrañable amiga por nombre Yazmín David, agobiada por mis empeños aerostáticos, dejó su puntal firma y comentario: Empieza por poner el ejemplo mi querido Monter!!!!!!!! Con tanto signo admiración de continuo quedé atónito y sin palabras. O tal vez me las comí… tragué. 2) Alumno me asalta a medio patio escolar, que si puedes venir al salón porque el profe Omar nos leyó tu texto de la semana anterior y quiere una réplica contigo… Entré a lo que presagiaba un linchamiento, sobre el pizarrón proyectado a gran escala el burlesque pasado. Maestro, me dijo muy cortés y respetuoso como gentleman erudito que sin duda es: queremos saber: y este texto… ¿qué? El flashback inmediato. Cuando mi madre preguntaba a bocajarro y sin mediar contexto o explicación ¿y esto, Contesté, amable: ¿Y ese texto, qué de qué? Insistió mi docente amigo con el que hace años, muchas noches de dominó: Queremos sabequé?, significaba que ya le hervían los interiores a la jefa y vendría entonces la monumental reprimenda. Así fue cuando se topó con mi primera pornorevista en la mochila o el condón iniciático en mi precoz cartera. Ya vendrían hallazgos peores que mejor no relatar. r, ¿qué? Apareció Jorge Negrete para colaborar: Que lo entienda, que lo entienda, si es que lo sabe entender… y si acaso, no lo entiende, hay que ayudarlo a entender… filosofía que ni Heidegger. En pocas y netas palabras, mi colaboración semanal fue adjetivada de insulsa, banal, anodina, insustancial… Escribir acerca de un niño que se resiste, no a bañarse, sino a ser obligado a tal menester, y que para ello, tendrá que doblegar a su autoritario padre en una lucha máscara contra cabellera calcetines malolientes de por medio… para después de ganar la batalla y proferir algunas célebres frases, tomar la toalla y se meterse a la regadera para cantar “La Internacional”, no es de hombres comprometidos. Me dicen que debería ocupar mi columna en opinar sobre alianzas indebidas en el estado de México… por mencionar algún tema “caliente” de los que me fueron propuestos… ¿Será?</p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/burlesque72.wordpress.com/32/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/burlesque72.wordpress.com/32/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/burlesque72.wordpress.com/32/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/burlesque72.wordpress.com/32/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/burlesque72.wordpress.com/32/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/burlesque72.wordpress.com/32/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/burlesque72.wordpress.com/32/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/burlesque72.wordpress.com/32/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/burlesque72.wordpress.com/32/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/burlesque72.wordpress.com/32/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/burlesque72.wordpress.com/32/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/burlesque72.wordpress.com/32/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/burlesque72.wordpress.com/32/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/burlesque72.wordpress.com/32/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=burlesque72.wordpress.com&amp;blog=1453443&amp;post=32&amp;subd=burlesque72&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Hijos tiranos</title>
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		<pubDate>Wed, 23 Mar 2011 16:26:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>burlesque72</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Para todos los niños que no se bañan Lo último que hice antes de transformarme en zombie fue oler los calcetines sucios de mi hijo. Bueno, eso me contó Lilibeth. Observó la escena y por más arrojo en el intento por salvarme (cámara lenta de mujer en pleno vuelo hacia mí con el rostro aterrado [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=burlesque72.wordpress.com&amp;blog=1453443&amp;post=27&amp;subd=burlesque72&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align:right;"><a href="http://burlesque72.files.wordpress.com/2011/03/s5031683.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-28" title="SAMSUNG DIGIMAX A503" src="http://burlesque72.files.wordpress.com/2011/03/s5031683.jpg?w=300&#038;h=225" alt="" width="300" height="225" /></a>Para todos los niños que no se bañan</p>
<p>Lo último que hice antes de transformarme en zombie fue oler los calcetines sucios de mi hijo. Bueno, eso me contó Lilibeth. Observó la escena y por más arrojo en el intento por salvarme (cámara lenta de mujer en pleno vuelo hacia mí con el rostro aterrado ante mi condición suicida… costalazo contra el piso metro y medio antes), no logró interrumpir el proceso mano-calcetín izquierdo-calcetín derecho-nariz-inhalar-pérdida absoluta del conocimiento.</p>
<p>Tú hijo tuvo la culpa, él te dijo, él te sugirió. Seguro te quería en calidad de autómata para evitar que lo metieras a bañar.</p>
<p>Pero… si apenas tiene siete años. Mi amigo el Pollo estudia Criminología y asegura que la profundidad maliciosa se alcanza por ahí de los diez, y eso cuando los niños crecen en medio de un ambiente hostil, adverso y violento.</p>
<p>Puedes creer lo que quieras, pero te digo: YO LO VÍ.</p>
<p>Cuando las mujeres hablan en mayúsculas, más allá de considerar sus palabras como verdades o certezas incuestionables, el hervidero que traen dentro puede equipararse a la explosión de quince volcanes como el Vesubio. Mejor no contradecirlas en lo más mínimo.</p>
<p>A ver, cuéntame… Le dije con un sonsonete periodístico que a ella no le gustó. Torció la boca: si no me crees es tu bronca. Sólo piensa que estuviste a punto de sufrir un daño cerebral irreversible. Si no es que ya…</p>
<p>Ignoré su sarcasmo.</p>
<p>Diez minutos después: ¿De verdad te interesa saber?</p>
<p>Pos luego…</p>
<p>Terminamos el desayuno. Le explicaste mil quinientas bondades de bañarse por la mañana: que si fresquecito, que si con más ánimos, que si el agua caliente para abrir los poros y arrojar toxinas, que si el agua fría es bondadosa para el torrente sanguíneo y la circulación… Total, que la doctoral argumentación de tu parte, fue un cincuenta por ciento sólo para mí. Cuando concluiste con aquello de cuerpo sano…</p>
<p>Bueno, la otra mitad le habrá resultado aleccionadora.</p>
<p>Ollin subió a su cuarto con el último bocado del jotqueik todavía en los cachetes, escuchó la palabra baño y desapareció. Cuando concluiste con aquello de cuerpo sano ya nada más eras tú y tu monólogo: “ser o no ser, cuál es más digna acción del ánimo…” Lilibeth se desternilló de risa, inclemente.</p>
<p>¿Ni siquiera tú me pusiste atención?, émula (¿eh, mula?) de Hamlet.</p>
<p>Tuve que salir a tirar la basura, escuché la campana y ya sabes que si no es el domingo, se nos queda rezagada toda la semana… se hacen moscas… una fuente de infección…</p>
<p>Corte a: media hora más tarde cuando L terminó su disquisición respecto a la peligrosidad nuclear de nuestros desperdicios orgánicos e inorgánicos, pasando por la idea de construir una composta e importar gusanillos para producir tierra cultivable. Mi cuerpo de cetáceo varado estará siempre protegido en la sede de grinpís (Greenpeace, para que los puristas no arranquen los cabellos ante mi irreverencia ecológica).</p>
<p>Total que fuiste hasta su recámara para, según tú, domesticar su ánimo desobediente e insubordinado con un choro mareador freudiano. De principio sólo obtuviste una hilera de húmedos chisguetes directa a los anteojos, obvio, provocó que te quitaras los lentes multidioptrías y para terminar pronto: te cegó. Luego se arrojo sobre ti para llevarte hasta su territorio ring arena de boxeo lucha libre cama individual sin tender… por cierto, a ver si ya le enseñas ¿no?</p>
<p>¿Y?</p>
<p>¿Y, Monter? ¿Y? ¿Acaso no recuerdas nada?</p>
<p>No. Estoy bloqueado. Desde que desperté y me contaron eso de los zombies…</p>
<p>Ollin trepó hasta tus hombros con habilidad circense. Ya arriba tomó impulso para someterte. Tus ciento cinco kilos rebotaron en las cuerdas…</p>
<p>¿Cuerdas? ¿Cuáles?</p>
<p>Perdón, me dejé llevar por la crónica, ya ves, eso de cohabitar con un periodista.</p>
<p>Humanidad sobre el colchón. Manita de puerco, te picó los ojos, te aplicó la Wilson, la Nelson, la Quebradora y te sacó del ring, te fuiste pa´bajo cual largo y ancho.</p>
<p>¿Y Ollin ni se inmuto?</p>
<p>Qué va, se puso la máscara de Hombre Araña y subió y subió y subió…</p>
<p>¿Hasta dónde?</p>
<p>Arriba del ropero y gritó algo así como: “enséñame un padre y te escribiré una tragedia”.</p>
<p>Parafraseó a Scott Fitzgerald.</p>
<p>¿Ves ahora los resultados de tus enseñanzas? Luego saltó al vacío y se topó con tu estómago. Seco. Costal. Te quedaste sin aire desde los dedos gordos de los pies hasta la última cavidad neuronal. Un plof sordo se magnificó por toda la casa. Te veías miserable. Excremento sobre el asfalto. Deforme. Plastilina en clase de preescolar.</p>
<p>¿Y por qué no me defendiste? Nomás mirando…</p>
<p>Luego me sales con la cantaleta de los derechos de los niños. Pero mira, justo en ese instante cuando te supo inerme y desamparado, se zafó uno a uno con parsimonia y delicada bajeza, los calcetines con los que el día anterior fue a la escuela y con los que anduvo descalzo la mañana entera… si, como él no los lava… En ese instante supe sus intenciones y corrí a salvarte, pero fue inútil, fue demasiado tarde.</p>
<p>Aquellos calcetines llegaron primero a mi nariz.</p>
<p>Exacto, y como tratabas de respirar por el golpe en el estómago… te los fumaste completitos, como careta de oxígeno en el Seguro Social.</p>
<p>Ahora entiendo, no sólo la pérdida de conocimiento sino el malestar estomacal que ni la peor de las borracheras…</p>
<p>Después pasó muy orondo junto a mí y me dijo muy bajito, apenas perceptible al oído: “Desgraciado el país que necesita héroes”.</p>
<p>Esa frase es de Bertolt Brecht.</p>
<p>Tomó su bata, una toalla y se metió a la regadera. Mientras yo intentaba alivianarte con un poco de alcohol para quitarte ese color verdoso y la condición de zombie, Ollin se puso a cantar a voz en cuello desde el baño: “…para hacer que el tirano caiga y el mundo siervo liberar, soplemos la potente fragua que el hombre libre ha de forjar…”</p>
<p>Yo creo que mejor deberíamos descolgar el retrato del Che Guevara y dejarlo que vea los programas de Chespirito, ¿no crees?</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Cisnes negros</title>
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		<pubDate>Tue, 15 Mar 2011 20:36:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>burlesque72</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Flashback resumen: “Bajé a las catacumbas y ya ves, aquí estoy, completita”. Clara sostenía la mirada retadora. Invítame un ron ¿no? Clara, tú no tomas. Ya ves que sí, me dijo, fui a las catacumbas, al infierno, tú debes saber. Dejé la lectura de Pound y antes de cerrar el libro se adhirió a mis [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=burlesque72.wordpress.com&amp;blog=1453443&amp;post=21&amp;subd=burlesque72&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://burlesque72.files.wordpress.com/2011/03/requiem-for-a-dream-jennifer-connelly.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-22" title="requiem-for-a-dream-jennifer-connelly" src="http://burlesque72.files.wordpress.com/2011/03/requiem-for-a-dream-jennifer-connelly.jpg?w=300&#038;h=167" alt="...te quedarás con este montón de nada." width="300" height="167" /></a>Flashback resumen: “Bajé a las catacumbas y ya ves, aquí estoy, completita”. Clara sostenía la mirada retadora. Invítame un ron ¿no? Clara, tú no tomas. Ya ves que sí, me dijo, fui a las catacumbas, al infierno, tú debes saber. Dejé la lectura de Pound y antes de cerrar el libro se adhirió a mis anteojos la primera frase de un poema:</p>
<p>“Saliste de la noche con flores en las manos.”</p>
<p>¿Anunciación? Sospeché que Clara había vuelto a fumar. Había dejado el vicio. Por salud mental y porque la última vez habló con Dios para solicitarle su jubilación, la de él que no la de ella. “Causó ya demasiado mal en el mundo y yo debo ocupar el lugar de Dios”, me había dicho una tarde soleada en que llegó a la casa con la mirada turbia, los ojos como semáforo en rojo, al borde de la histeria por un vaso de agua. Si me regalas agua te doy mi cuerpo. Me sacó de balance su propuesta y lo primero que hice fue mirar los garrafones vacíos. No la invité a pasar, pero ya estaba sentada en el sillón bebiendo un litro de mezcal. Severo viaje, en el punto donde la sed y la risa. Clara navegaba por mares ignotos comprimidos en refractario de vidrio, la miré a través del cristal que se aferraba a los labios ansiosos, resecos, saturados de surcos navegables. Tenía las facciones deformadas. Un imperio de saturación era evidente y la crudeza de ese rostro era inevitable. Apenas seis meses atrás, Clara se graduaba con honores como periodista en la Carlos Septién y me había buscado para asesorarla en su trabajo de tesis.</p>
<p>Correo electrónico to antoniomonter@hotmail.com: Señor Escritor o debo llamarlo Señor Periodista. Desde que mi padre dejó sobre la mesa un periódico de Michoacán justo en la página de su artículo, hace siete años, me prendí de usted, de su columna llamada Burlesque. Sepa que eso obligó a mi madre a hablarme de sexo, pues aunque nunca me restringió que lo leyera, no era agradable que su niña de 14 años coleccionara textos de erotismo trasnochado, mujeres inconclusas y enfermizas, alter egos emparentados con el ron, el tequila y todo el diccionario que invariablemente se ha inventado usted cada semana para describir la noche, su noche, a partir de entonces también la mía. Para qué se lo describo si usted es el autor. Turbio, lo imagino turbio. Soberbio quizá. Tal vez me equivoque, pero me encanta la manera en que publicita los acantilados. Le pido me conteste. Requiero asesoría para mi tesis. Le parece como punto intermedio entre usted y yo… ¿Bukowski?</p>
<p>“Esperando la muerte como un gato que va a saltar sobre la cama”</p>
<p>C.</p>
<p>Explicación no pedida, acusación manifiesta: Declaro que nunca la toqué. Nunca le puse un dedo encima. Después de aquella tarde enyerbada, Clara salió de la casa y nunca volví a mirar con vida. Fue algún año nuevo cuando me avisaron que su ausencia sería definitiva. Sucumbieron las palabras de su cuerpo, como un lápiz, sus piernas rayaron mi cuaderno y escribieron cosas mientras la ginebra se desbordaba por mi boca. Frente al precipicio de una nostalgia y una canción de Joaquín Sabina, un poema de Verlaine y las doce campanadas&#8230;</p>
<p>Correo electrónico to antoniomonter@hotmail.com: Señor Escritor o debo llamarlo Señor Periodista. Me entregaste al martirio de perderte entre mis manos en una caja de laca china. Tu perfume veraniego que huele a decepciones, a partidas sin explicación. Aspiro, suspiro, respiro. Quiero enfermarme de ti. Me deposito en este mar furioso y me entregó a él sin resistencia. Vaciaste los relojes de arena, agotaste sus minúsculas partículas. Lo tangible no es honesto, como tú, aquí a mi lado. Quedé sorda, muda, diluida en tus sombras húmedas, labios rojos, lóbrega parálisis. La luna te ilumina la mitad del rostro, dibuja sombras en el universo de tu falaz constelación. Tu piel mentirosa que asiste lo mismo devaneos que desventuras, que tritura la sequedad de mis huellas digitales. Tu piel es ímpetu descarado, es la barda que separa tu sangre de mis besos, de estos labios que discurren tontamente la memoria de tu cuerpo. Amas a perpetuidad desde tu isla utópica. Pero huyes entre los matorrales del veneno, del recuerdo. Y yo te adopto sin reclamarte nada, te acepto y te diluyes en mis vértebras. Eres embrujo, Nigromante. Y yo divido la noche entre tu recuerdo y los fantasmas de mi soledad. Mis dedos somnolientos ansían tus cavidades, padecen abstinencia y se devoran a sí mismos. Ya dormida parezco muerta. Me asfixié en un beso largo y asimétrico. Lúgubre. Mi piel laxa, seda cristalina, madera, cancionero que musita en los oídos los adioses contenidos. Miseria colectiva. Miseria de soledad cuando te alejas encima de esos tacones firmes, decididos, los tuyos, los míos. Tuve que rasgar tus engaños para no enfermarme más de ti. Dejar morir tus venas. Acorde último. Exactitud de sinfonía. El tic tac inmarcesible, el abandono pertinaz de la sombría mirada, los adioses reclamados y devueltos. Revueltos. Re ¿vueltos? Caminas por las paredes siniestras entorchadas de ira, fino en tu andar de araña mutilada, mirada gélida, sueltas la tarascada en los abrojos de lo que alguna vez fueron mis pulmones, mi aliento se diluye entre tus laminosas piernas. Ácidos alabastrinos. Frenesí de una boca que se traga un par de senos encendidos. Borrasca. Vértigo. Ninfa encarcelada en el contorno perpetuo de una estatua. Caligrafía agreste de rumores amatorios, de ansiedades que arden en la hoguera de la furia, del paroxismo sardónico&#8230; infinito. Ánimas que arrojan la pasión en un bramido. Remanso efímero de una sonrisa elástica. Invitación constante a desobedecer la gravedad. Orbito a ti. Tus ardientes cimas se revientan en diluvios de obsidiana, tus simas de humedad incandescente. Llueve por mi geografía, por mi vientre. Soy un ojo que te mira. Silencio otra vez. El ruido de la memoria te nombra en el vacío. Mi ruina no hace mella alguna en tu belleza. Soy tu burdel, asististe a mí con frecuencia, antes que desaparecieran los burlesques y las ficheras, antes que los teibols te dejaran en ruinas con el deseo contenido. Me entiendes, sé que me entiendes…</p>
<p>No es mi muerte lo que me preocupa, eres tú que te quedarás con este montón de nada.</p>
<p>Adiós,</p>
<p>C.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Con los labios de él</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Mar 2011 19:31:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>burlesque72</dc:creator>
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		<description><![CDATA[&#160; Me senté en la banqueta para fumar un cigarro y perder un poco el tiempo. Había quedado con ella a las seis de la tarde en General Anaya y apenas eran las cinco. Los alrededores del metro Revolución ofrecen un cotidiano maravilloso por sincrético, la mezcla de lo urbano se condensa en la prisa [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=burlesque72.wordpress.com&amp;blog=1453443&amp;post=17&amp;subd=burlesque72&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://burlesque72.files.wordpress.com/2011/03/labios.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-18" title="Con los labios de él" src="http://burlesque72.files.wordpress.com/2011/03/labios.jpg?w=300&#038;h=217" alt="" width="300" height="217" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me senté en la banqueta para fumar un cigarro y perder un poco el tiempo. Había quedado con ella a las seis de la tarde en General Anaya y apenas eran las cinco. Los alrededores del metro Revolución ofrecen un cotidiano maravilloso por sincrético, la mezcla de lo urbano se condensa en la prisa de los transeúntes que acumulan estrés en las arrugas de la cara, la vorágine citadina del Distrito Federal, lugar común. La piratería es un mar de probabilidades y perspectivas por diez o quince pesos, el último disco del grupo de moda, la película sin estrenarse en cartelera ya en clon DVD, la porno que anuncia como estelares los desenfrenos amatorios captados por una cámara supuestamente oculta en los hoteles de paso. Si aparezco en alguna, podría cobrar los derechos correspondientes o bien sufrir una depresión si acaso resulté filmado en alguna ineficacia eréctil&#8230; mejor no. A mi lado, unos muslos me ofertaron el paraíso del relajamiento muscular, masaje, estimulación oral y dieciocho posiciones traducidas al español por quinientos pesos. Voy a eso, expliqué a la pelirroja, nada más que me detuve a tomar un poco del aire blindado por la contaminación. Se fue y me quedé contemplando sus poderosas nalgas inyectadas, una más grande que la otra, calculé el peso, demasiado rigor siliconado para tenerlas encima. Un hombre con lentes oscuros me ofreció los productos de una sex shop, cabinas XXXX incluidas. ¿Cuatro equis? ¿La incorporación de la cuarta significará algo así como el Cuarto Reich de la pornografía? Sin duda un tema para desarrollar una investigación de lúbrica profundidad. Otro día. Caminé hasta los torniquetes del metro y dejé atrás el boulevard de las ansias y los deseos, para ir en pos de la entrepierna realidad de María. Abordé el segundo tren, menos repleto que el anterior, cabía mi humanidad en un resquicio del vagón. Dos estaciones adelante subieron ellos. La espalda de la mujer quedó contra mi pecho, él y yo cruzamos miradas fugaces, suficientes para hacer notoria la rivalidad de un duelo a muerte no declarado, me hubiera gustado cruzarle la cara con un guante blanco. La abrazó y le pidió un beso que se alargó todo el trayecto hasta Pino Suárez. Me sentí incómodo, ridículo ante el arrebato bucal de los amantes. Consideré exigirle que se lavara los dientes en el hotel antes de besarme. Avanzó el convoy y continuaron su espectáculo, lo hacían con tal frugalidad y desenfado que no sólo yo me devoraba el intercambio de hálitos, una decena de pasajeros atendían el resuello labial. Aproveché un freno inmoderado del conductor para untar mi frente con su detrás, ella actuó un tropiezo en el momento de arrancar y clavó la punta de su tacón en mi empeine. Me dolió pero callé. Me miró de reojo por el reflejo de la ventanilla, encontré partículas diminutas de animadversión y suspendí el acoso subterráneo, después de todo en San Antonio Abad, el gusano naranja abandona la profundidad terrestre para correr a la intemperie por el medio de avenida Tlalpan. Ni forma de esconder la maliciosa cachondez en plena luz de día. Consideré que ella tenía todo el derecho de entablar una legítima defensa de su espacio físico. Busqué en el panorama una distracción y no conseguí más que afinar el oído. ¿Vouyerista auditivo? Vamos a bajarnos aquí y buscamos un hotel. Descenso continuo, el vagón se liberó y ellos se alejaron un par de metros, me costaba trabajo escuchar a pesar del esfuerzo de espía. Ya te dije que no puedo, el sábado, te prometo que el sábado vamos a donde quieras. ¿Qué es tan importante hoy? La entrega del proyecto, me pidieron que sin excusa esté listo a las cuatro. ¿Ya lo tienes avanzado? Me falta corregirlo, pero en eso tardo horas. Quedaron libres dos asientos, ella y él los ocuparon y eso propició otro colapso amoroso. Quedaron lejos para continuar con la intromisión en la charla y saber cómo terminarían los pretextos para no acostarse con él. Festival de sentidos, del tacto furtivo al oído fisgón, el recurso ante la lejanía: la vista, la contemplación. Las medias le iban bien con el color de la piel, el pelo suelto, la ropa holgada, los pechos diminutos, la nariz larga y recta, así, en pedazos, como un rompecabezas. General Anaya, me acerqué a la puerta para descender, ella se despidió y bajó con premura, miró su reloj como si tuviera prisa. Me costó trabajo alcanzarla y seguirle la zancada, breve y rítmica. Uno al lado del otro, como dos extraños subimos por la escalera y hasta llegar a la calle decidimos que ya era prudente ingresar en la venturosa versión de lo prohibido.</p>
<p>- Otra vez llegas tarde, son las seis veinte</p>
<p>- Tú también</p>
<p>- ¿Te dolió el pisotón?</p>
<p>- Creo que me hiciste un orificio en el pie</p>
<p>- Te lo merecías, la próxima…</p>
<p>- No habrá próxima, la siguiente coincidencia me bajo o me cambió de vagón</p>
<p>- Te pasaste, te he dicho que se pone loco cuando siente celos</p>
<p>- ¿Me pondría una madriza?</p>
<p>- Mínimo, no sabes meter las manos, Monter</p>
<p>- ¿No?</p>
<p>- No, ni ahí.</p>
<p>- María, déjalo…</p>
<p>- Ya lo hablamos, ¿no?, es mi novio desde la universidad, de verdad lo quiero. Además, ¿vas a dejar Morelia y vas a mudarte al defe?</p>
<p>- No</p>
<p>- ¿Entonces?</p>
<p>- Era una propuesta al vuelo.</p>
<p>- ¿Me ayudas a corregir mi proyecto?</p>
<p>- Sabía que me pondrías a trabajar</p>
<p>- ¿Tenemos toda la noche?</p>
<p>- Y mañana, me voy el sábado en la tarde.</p>
<p>- ¿Preparas el jacuzzi y me pides un ginebra en las rocas?</p>
<p>- Pero te lavas los dientes.</p>
<p>- Tarado, es para que sepas a qué sabe.</p>
<p>Me dio un beso largo, todavía con los labios de él.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Te miro&#8230;</title>
		<link>http://burlesque72.wordpress.com/2009/01/16/te-miro/</link>
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		<pubDate>Fri, 16 Jan 2009 06:21:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>burlesque72</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[en la penumbra hechiza que fabrico para devorarte, en mis palabras inermes que llevan el tufo de la reiteración, en mi pánico arbolado de soledad, en esta cama donde resuelvo mis temores más nítidos, a tu lado, en estas trizas inconformes de mi piel, en la fábula deliciosa que nadie cree, en la recriminación más [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=burlesque72.wordpress.com&amp;blog=1453443&amp;post=13&amp;subd=burlesque72&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="line-height:150%;text-align:justify;margin:0;"><span style="font-size:12pt;font-family:&quot;" lang="ES-MX">en la penumbra hechiza que fabrico para devorarte, en mis palabras inermes que llevan el tufo de la reiteración, en mi pánico arbolado de soledad, en esta cama donde resuelvo mis temores más nítidos, a tu lado, en estas trizas inconformes de mi piel, en la fábula deliciosa que nadie cree, en la recriminación más simple, en el compadecerte y fingir un te quiero, en las reminiscencias de ciudad, de luces neón y farolas descompuestas, en la solidaridad de nuestro perro escuálido que se murió ayer atropellado, en la mente que uso por primera vez para pensarte, en la catarsis de la noche sin rutina, en la morosa astucia de tu boca que me besa en el ombligo, en tu lengua curtida por tanto repasar erecciones mías y de todos en turno, en tus retinas que apenas dejaron de llorar y soltar espasmos, en la cortina raída donde ya se filtra el sol de la mañana, en la emergencia de alimentarte bien y que ya no se te dibuje la piel en las costillas, en la posibilidad de alguna vez comprarte un vestido azul sin lentejuelas, en la idea firme de nuestra revolución con esperanzas de quedar vivos, en la angustia que me invade cada ausencia de tus pies con callos, en el mientras y en el después del beso, en los tacones rascacielos con los que taladras la duela del cuarto, en tu vacilar de piernas espigadas, en el andar lúdico de esquina a esquina. en la vorágine de tu voluntad y mis quinientos pesos, en el pago por adelantado, en la botella que vaciamos en el estómago a tragos largos, en el danzón que bailamos sobre machas oscuras de nicotina, en la ambiciosa mezcla de sudores tibios, en la raya tersa que divide tu cuerpo, en la rapidez con que desnudas el mundo, en la notable aspereza de tus manos, en el te platico y no me escuchas, en el te duermes y yo fumo, en el te escribo y no me lees, en el soy música y no me escuchas, en el soberano todo poderoso del que siempre vamos a dudar, en el insobornable cuidador del paraíso, donde siempre te has querido entrometer y no te dejan, en el poema cursi que te escribo y haces confeti para evitar el conjuro de tener que amarnos, en el beso que te doy en los párpados, en tus ojos de espejo donde las miserias se vuelven mínimas, en el calibre de la pistola que te pongo en la cabeza, en la cien que estalla cuando penetra la bala, en tu sangre que bebo en un vaso para jaibol con refresco mineral, en tus alas de murciélago, listo para la mordida al cuello, en tus melodiosas ironías sobre la felicidad humana, en los consejos que me das para que no te extrañe, en el filoso abismo donde nos tiramos para conspirar unidos sólo por el dedo meñique, en los trazos de melancolía donde dibujo corazones atravesados por flechas, en mis preguntas rencorosas por las ansias de futuro, en tu capacidad alabastrina para no mentir, en tu respuesta siempre no y en el pero y en el sin embargo, en el resultado de los dados sin ánimos de azar, en mi ficción de ti aquí bajo las sábanas, en el vértigo de saber que importa más el resultado que tener los ases en la mano, en la brutalidad que se arroja a carcajadas sobre el porvenir, en la construcción de historias sobre exilios, en la sacudida de tu vientre que me deja enjuto, en la violación de códigos no escritos sobre lo que fuimos, en el riesgo de ahorcarnos con las piernas mientras el sesentaynueve, en el ron que eructo cuando te muerdo la nariz, en la franqueza de mis dedos que te exploran sin clemencia, en tus orificios donde aspiro tu aliento y tu perniciosa digestión, en la dócil vitalidad de tus pechos angelados, en el tener que crecer y ser adulto, en el dejar el biberón para subrir a la resbaladilla, en la nostalgia por el vientre y por el cordón umbilical, en la rigidez del viento cuando nos convertimos en piedra, en el finiquito que me dejas sobre la almohada cuando te vas, en tu demora de infierno antes del camuflaje otra vez en la costumbre, en la risa que sacude mi futuro, en la página del suplemento donde terminarás como empezaste, como la nada que miro y que no tengo. Al final del Motel te esfumas, quiero sonreír y la mueca es un suspiro alcohólico, pestilencia de resaca que intentó dignificar una vez más el ideario de las prostitutas. Hace frío, con tanto calor en la piel del cuerpo.</span></p>
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		<title>El infierno en mis dedos</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Jan 2009 06:08:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>burlesque72</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Qué siento cuando te toco. Qué siento. Qué siento cuando mi mano comienza por tu ombligo. Cuándo lucho contra tu cinturón que ya aprendí a soltar con una ligera presión entre índice y pulgar. Qué siento. Cuándo meto mi mano bajo tu calzón y comienzo a sentir ese ejército de pelillos recortados, como cabeza de [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=burlesque72.wordpress.com&amp;blog=1453443&amp;post=11&amp;subd=burlesque72&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="line-height:150%;text-align:justify;margin:0;">
<p class="MsoNormal" style="line-height:150%;text-align:justify;margin:0;"><span style="font-size:14pt;line-height:150%;"></span></p>
<p><span style="font-size:14pt;line-height:150%;"><span style="font-family:Times New Roman;">Qué siento cuando te toco. Qué siento. Qué siento cuando mi mano comienza por tu ombligo. Cuándo lucho contra tu cinturón que ya aprendí a soltar con una ligera presión entre índice y pulgar. Qué siento. Cuándo meto mi mano bajo tu calzón y comienzo a sentir ese ejército de pelillos recortados, como cabeza de militar, de casquete corto. Te toco. Siento como te abres, cómo estás partida por la mitad como todas las mujeres, con la diferencia de que tú no eres todas las mujeres, sino la mía. Tocarte significa poseerte, sí, en la versión del macho que domina a su hembra y lo constata con la trasgresión de su intimidad más sagrada, es mía desde ahí dentro, desde su entraña. Mirarte la cara, mirar cómo te transforma el deseo, cómo esa mirada se entrecierra y se nubla y va y viene y se deja ir, se aleja, se te van los ojos hacia adentro y tengo miedo de que no vayan a regresar, no sé si lo hago bien o mal, si mi técnica es buena, si soy demasiado rudo o tierno, no pienso en eso. Te toco y me sorprende lo amigable de tu cuerpo, lo hospitalario conmigo como si yo fuera un huésped frecuente y conociera meticulosamente tus recovecos, como si me hubieras dado un mapa dos dedos a la izquierda, seis de frente y tres a la derecha para descubrir tu clítoris, ese pedazo de carne húmedo, tu montículo diminuto que me encanta sorber, botón de encendido, play, timbre, ding dong, para calentarte, para abrasarte, para subirte la temperatura, para saber si me deseas también y como preámbulo para invadirte. Recibes mi mano con la violencia de un torrente que se precipita en ansiedad desde tu interior, quiero tocarte los senos, tu ombligo, las que nombras tus lonjas, la entrepierna, tu vagina. Meter mano intenta ser un preámbulo para incinerarte, para cogerte, para cabalgarte, para penetrarte, para todo eso y más. Lo sabes, me lo preguntaste bajo las sábanas, te lo respondí y lo grito cada vez que puedo, cuando tus ausencias me trastornan la existencia y soy un guiñapo, un indigente, una franela de lavacoches, un niño abandonado en ciudad desconocida, una nada que requiere de todo porque ya tiene noción de la existencia de algo, de ti, de la posibilidad, de la promesa, de una trasformación mutua. Tu cuerpo es el infierno en mis dedos.</span></span></p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/burlesque72.wordpress.com/11/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/burlesque72.wordpress.com/11/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/burlesque72.wordpress.com/11/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/burlesque72.wordpress.com/11/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/burlesque72.wordpress.com/11/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/burlesque72.wordpress.com/11/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/burlesque72.wordpress.com/11/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/burlesque72.wordpress.com/11/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/burlesque72.wordpress.com/11/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/burlesque72.wordpress.com/11/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/burlesque72.wordpress.com/11/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/burlesque72.wordpress.com/11/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/burlesque72.wordpress.com/11/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/burlesque72.wordpress.com/11/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=burlesque72.wordpress.com&amp;blog=1453443&amp;post=11&amp;subd=burlesque72&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Hacer el amor…</title>
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		<pubDate>Wed, 03 Dec 2008 05:13:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>burlesque72</dc:creator>
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		<description><![CDATA[…en la moralidad acuífera de los días, en los tugurios incalificables que circundan la ciudad, en los monumentos a los héroes nacionales henchidos de bronce y olvido, en las paradas del camión, en la sala de espera de los consultorios médicos mientras se espera al dentista, en las ventanas sin cortinas de las oficinas públicas, [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=burlesque72.wordpress.com&amp;blog=1453443&amp;post=9&amp;subd=burlesque72&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="line-height:150%;text-align:justify;margin:0;"><span style="font-size:12pt;font-family:&quot;">…en la moralidad acuífera de los días, en los tugurios incalificables que circundan la ciudad, en los monumentos a los héroes nacionales henchidos de bronce y olvido, en las paradas del camión, en la sala de espera de los consultorios médicos mientras se espera al dentista, en las ventanas sin cortinas de las oficinas públicas, frente a la computadora mientras se escribe un burlesque, en los cines como preámbulo a los cortos de estreno, en los descansos escolares, en los patios de las escuelas, en la oficina del director de la empresa, en la fila de las tortillas, entre que sucede el verde otra vez en el semáforo, para ganarse unos pesos en lugar de limpiar parabrisas, en el congelador de una carnicería, en la plaza de toros y entre el equipo de cuadrilla, hacer el amor como remedio, como penitencia, como reflejo, como anhelo, con ganas, con amor y sin amor, con mucho humor, hacer el amor con ella o para darle celos, hacer el amor en las fuentes secas, en cada árbol para que no se seque, en las tuberías malolientes, hacer el amor frente a los perros para que vean lo que se siente, aunque nos echen agua, en los tinacos, en los aljibes, en los charcos, en los finales del vaso, en los auto lavados mientras los cepillos acarician la carrocería, hacer el amor antes de ir al pan y después de comer el pan, frente a los soldados en la zona militar, en el acueducto, frente al centro de readaptación, frente a los nosocomios y su servicio de urgencias, en el psiquiátrico, en los asilos de ancianos, en los orfanatos, frente a las sedes de los partidos políticos, frente a la casa de la novia que nunca nos peló, en las azoteas, en el atrio de la iglesia, hacer el amor tocando la guitarra, sin soltar la copa, sobre un montón de cartas sin destinatario, sobre un alambre como equilibristas, sin dinero, sin trabajo, sin destino, en el mercado frente a la señora de los jitomates, en el carrito paletero, sobre el plato que sostienen las Tarascas, arriando la bandera monumental, entre la falla de Santa María, en los conjuntos residenciales popof, en los jardines de CU, frente a la puerta de Rectoría, en las ventanillas de los bancos, en las cocheras de los moteles, en la cima del Quinceo, en </span><span style="font-size:12pt;font-family:&quot;">la Pirámide</span><span style="font-size:12pt;font-family:&quot;"> del Sol, cuando juega el Cruz Azul, cuando ganamos, perdemos o empatamos, en la cruda, en la terapia con la psicóloga, en la pulquería, en los baños de Sanborns, en la tlapalería, en el balneario, en los baños públicos, en la milpa, en la penca, tenga para que se entretenga, hacer el amor en la cola para esperar la beca, el litro de leche, el pago de honorarios, el pago de la tenencia y de las placas, hacer el amor en el Monte de Piedad (¿cuánto me da por esta posición, por este chivo sin precipicio?), durante el informe de gobierno, frente al gobernador, el presidente, los diputados, en la tribuna del Congreso local, hacer el amor en </span><span style="font-size:12pt;font-family:&quot;">La Tertulia</span><span style="font-size:12pt;font-family:&quot;">, en el panteón, en la salida a Salamanca, a Quiroga, a Guadalajara, en trajinera, en barco, en cayac, en el camino a la tenencia, en los filtros viejos, en el mirador, en el Arcadia, en la central de autobuses, en bicicleta, en avalancha, en tres patines, con dolor de cabeza, sin cabeza, con la coleta recién cortada, en una manifestación, en un mitin, en el microondas, en el microbús, en el guajolotero, en la vagancia, mientras te leo, mientras me lees, cortándome la uñas, en el Internet, con los calcetines puestos, en la vitrina del puesto de carnitas, frente a tu kinder, en tu recuerdo, en tu noche, en el infierno, en el teatro Ocampo, en el aula mater frente al corazón de Melchor, en época de lluvia entre los hongos, en época de secas sin condón, hacer el amor el día de muertos atorados en Janitzio, en calidoscopio, debajo de un torito de petate, en los cenadores frente a los leones del zoológico, en las Carabelas sin Colón, en el puño de Morelos, en el auto negro o en el coche azul, en la solemnidad de semana santa, frente a los turistas, en el rezo perpetuo, en una cama de hospital, en el menudo de doña Herme, mirando televisión, en un ring de lucha libre, en la graduación de tu cuñada, en la boda de tus papás, hacer el amor cuando me entierres o cuando te bautice, en los juegos de canicas de las ferias, en la alfombra roja de los festivales, en las presentaciones de los libros, en las exposiciones de pintura, arriba de una tortuga caguama, en un trampolín, en el clavado, en una palmera bajando cocos, en medio de </span><span style="font-size:12pt;font-family:&quot;">la Mintzita</span><span style="font-size:12pt;font-family:&quot;">, en tus ojos o en los míos, entre nopaleras, en la casa de la risa, en la rueda de la fortuna, con gripa, con honores, con licenciatura, con permiso, por favor, hacer el amor en la central de abastos, en la cantina, en San Agustín, en la casa del estudiante, en el café de paso, en la casa de tu amiga, mientras estudias para el examen de Historia, en sueños, cuando despiertas, a las tres de la mañana, antes de que nos volvamos a perder, en el vuelo, en el viaje, apagando las velas en los cumpleaños, en los funerales, en los conciertos al aire libre, en los escenarios, en las banquetas, en los estadios de futbol, en las casetas de policía, sobre un vagón del ferrocarril, amarrados a la vía del tren, a ciegas, mudos, tuertos, cojos, mancos, locos, viejos, turbios, duros, tiernos, infantiles, sin tener que casarnos, frente a tu mamá, después de aventar el bolo, porque amaneció otra vez, por el bolero, por el tango, por la duda, por el capricho de pertenecer, para sumar, para restar, para multiplicar, mientras te espero, mientras me olvido, hacer el amor y al final un cigarrito… Hacer el amor, pero nunca por encargo…</span></p>
<br />  <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/burlesque72.wordpress.com/9/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/burlesque72.wordpress.com/9/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/burlesque72.wordpress.com/9/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/burlesque72.wordpress.com/9/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gofacebook/burlesque72.wordpress.com/9/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/facebook/burlesque72.wordpress.com/9/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gotwitter/burlesque72.wordpress.com/9/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/twitter/burlesque72.wordpress.com/9/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/burlesque72.wordpress.com/9/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/burlesque72.wordpress.com/9/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/burlesque72.wordpress.com/9/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/burlesque72.wordpress.com/9/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/burlesque72.wordpress.com/9/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/burlesque72.wordpress.com/9/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=burlesque72.wordpress.com&amp;blog=1453443&amp;post=9&amp;subd=burlesque72&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></content:encoded>
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		<title>Cien libélulas para Camelia</title>
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		<pubDate>Tue, 18 Nov 2008 05:13:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>burlesque72</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Camelia no bailaba en las mesas como el resto de de sus compañeras, estaba en ese congal por lástima que le tenía la dueña. Me contó que un día llegó a Morelia procedente de Veracruz, no hacía mucho, unos tres meses atrás, no me dijo por qué y yo no insistí en saber su pasado. [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=burlesque72.wordpress.com&amp;blog=1453443&amp;post=7&amp;subd=burlesque72&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="line-height:150%;text-align:justify;margin:0;"><span style="font-size:14pt;line-height:150%;"></span></p>
<p class="MsoNormal" style="line-height:150%;text-align:justify;margin:0;"><span style="font-size:14pt;line-height:150%;"></span></p>
<p class="MsoNormal" style="line-height:150%;text-align:justify;margin:0;"><span style="font-size:14pt;line-height:150%;"><span style="font-family:Times New Roman;">Camelia no bailaba en las mesas como el resto de de sus compañeras, estaba en ese congal por lástima que le tenía la dueña. Me contó que un día llegó a Morelia procedente de Veracruz, no hacía mucho, unos tres meses atrás, no me dijo por qué y yo no insistí en saber su pasado. Le dolía hablar de eso, respeté su silencio, pero me inquietó su cadavérica figura, su menudo cuerpo sin carnes, enjuta, dibujada en los huesos, ninguna descripción sería capaz de acercarse siquiera a la realidad cruel que denotaba su piel. Aparentaba una anciana y sólo 16 años registraba desde su nacimiento, su acta, un papel amarillento y sucio, eran el único cargamento con el que llego a la ciudad, para identificarse por lo menos, decía. No supe si para identificarse ante la gente como una mal nacida, definición que ella se propinaba, o para identificase consigo, Camelia Narda González Carrera, esto soy al menos, un nombre, cuatro palabras y un reducido cuerpo donde encontrar cierta identidad. Al menos este papel me pertenece porque dice quien soy. Se acercó a mi mesa a ofrecerme cigarros, boletos para un sexy o un téibol, unos chicles o mínimo, una ayudadita. Me dijo que por cincuenta pesos podría darme una chupadita en el cuarto del fondo. Le invité un refresco y le dejé sobre la mesa un billete de cien. Aceptó sentarse a conversar. No acabó la secundaria y emigró del puerto, no tenía familia y se quedaba en ese bar maloliente que cerraba hasta que el sol terminaba por desplazar a la noche. Comía lo que le regalaban o lo que podía robarse en algún mercado, vivía de la gente caritativa y de su habilidad, decía, con la boca. Tengo mi encanto y algunos me vienen a buscar, los más pobretones que no tienen para pagarse una de las otras. Tenía los labios partidos, secos, con despojos de un rosa pálido, llevaba los dientes sin lavar y la sonrisa que intentaba a veces se transformaba en una mueca de desazón y miedo. Le expliqué que yo no estaba ahí para encontrar sexo, que regresaba de la ciudad de México henchido por una voraz crisis alcohólica que ya no me permitió manejar un kilómetro más. Encontré abierto el lugar y me incorporé al abismo para restablecer mi pulso, para quitarme la temblorina ya casi confundida con mal de parkinson. ¿Eres un borrachote?, me preguntó sin miramiento alguno, Más o menos, le respondí con una carcajada franca que me acercó a ella en términos de solidaridad, los dos estábamos ahí más solitarios que nada y con un intenso miedo por el mundo de afuera por las razones que fueran. Le pregunté si sabía leer, me dijo que sí, le regalé un libro que bajé del coche por la manía de traer siempre uno en la mano. Era un libro de poesía contemporánea, Sabines, Neruda, Huerta, Bartolomé. Pagué y me despedí de ella. Me alcanzó en la puerta y me pidió que me despidiera con un beso, como si la gran amistad, dijo. Le anoté mi teléfono en la palma de su mano, por si necesitas algo o quieres saludarme, los amigos lo hacen de vez en cuando. Dos semanas después me llamó, quedamos de vernos en el bosque Cuauhtémoc, junto a la fuente. Impuntual como soy, ya me estaba esperando cuando aparecí, sería la una de la tarde y el sol caía a plomo, mala hora para vernos, le expliqué mi eterno conflicto con el calor y mejor nos fuimos a una fondita cerca de ahí, nos sentamos al lado de un ventilador y le invité una torta, comimos gustosos dos tortas de mole cada uno, yo me manché la camisa y ella quiso lavarla en el baño. No, eso sería una grosería a la vista de todos, imagínate mis lonjas expuestas a las miradas ajenas. Se rió en serio. Noté que había cierta ingenuidad reservada en su mirada, me la regaló a mí y a punto estuve de ponerme a llorar. No lo hice por cuidado de no turbarla. Me encantó el libró, por eso te llamé, para que me regales otro. Me sorprendió. Charlamos de <em>los amorosos</em> y fue fascinante atestiguar la aprehensión de las palabras que había conseguido Camelia en esos textos. Sólo traigo uno en el coche, si quieres vamos y te lo regalo. Se fue muy contenta con un libro de Villaurrutia. Desapareció un mes, pensé que jamás se reportaría y que nuestra amistad ya profunda por ser a través de la literatura sería efímera en el ámbito de la temporalidad. Volvió a llamar, te espero en el bosque, en la tarde cuando ya no haga tanto calor. Pactamos en vernos a las seis. Me esperaba con una sonrisa, se veía repuesta, con algún color en las mejillas, se le notaban menos los huesos. Son tus libros los que me han traído la vida. Quedé atónito y maravillado. Espero que me hayas traído otro regalo. Asentí. Esta vez le llevé una colección de cuentos para jóvenes. Se puso feliz. Nos sentamos en el pasto y charlamos de mi vida, de mis cosas, mis gustos, mis manías, mis aficiones e incluso, vaya, de mis amores. Se acercó y me dio un beso en los labios, mentiría si declaro que fue un beso inocente o de amigos. La niña de 16 compartía su lengua con alguien que le doblaba la edad, en público, en un parque, con luz de día. Duró bastante y luego nos abrazamos hasta que un bicho volador me hizo levantarme y correr unos pasos atemorizado. ¿Le tienes miedo a una libélula? Le tengo miedo hasta a las hormigas, confesé. A mi me encantan las libélulas, son divertidas y se ve que son tan libres… Bueno, ya me voy, te cuidas, echó a correr sin más. Fue la última vez que la vi. Como no telefoneó la busqué en el burdel don de la primera vez. Me contaron que había enfermado de hepatitis y que no soportó ni quince días. La enterraron en la fosa común. Le había platicado de mí y me entregaron un sobre que pensaba darme en nuestro próximo encuentro. En el interior había una hoja con un dibujo y una frase: <em>las libélulas son tan libres como los besos que se quieren dar sin cobrar por ellos</em>. Salí destrozado con unos seis rones en las venas. Ahora bosquejo libélulas en mi cuaderno, las copio de la que ella me regaló. No soy hábil en eso, pero intento aprender en cada trazo para después arrojarlas al cielo, libres, como ella ahora. Me faltan muchas, apenas llevo cuarenta y tres.</span></span></p>
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		<title>Mis dedos en tu piel, nostalgia por una mano</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Aug 2007 20:37:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>burlesque72</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[I. Pulgar Primero eran las cuatro dactilares: del índice, del corazón, del anular y del meñique. Sobre un minúsculo trozo de tu vientre del lado izquierdo, sin presión, perceptible apenas por el roce de esas ondas que impresas en tinta delatarían mi identidad. Un mitin dérmico a cuatro dedos. Ya luego aterrizaba el pulgar, la [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=burlesque72.wordpress.com&amp;blog=1453443&amp;post=6&amp;subd=burlesque72&amp;ref=&amp;feed=1" width="1" height="1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>I. Pulgar</p>
<p>Primero eran las cuatro dactilares: del índice, del corazón, del anular y del meñique. Sobre un minúsculo trozo de tu vientre del lado izquierdo, sin presión, perceptible<br />
apenas por el roce de esas ondas que impresas en tinta delatarían mi identidad. Un mitin dérmico a cuatro dedos. Ya luego aterrizaba el pulgar, la fotografía digital ancha y gorda que se extendía impresa en franca línea recta por tu ecuador. Tus dedos caminaban en dirección a mi ombligo, tu mano semejaba una araña torva, lisiada, que arrastraba una pata por detrás de las otras, sin prisa, se detenía en cada tejido, en cada célula, medías en milímetros la margen de mi planisferio. A veces se aburría de tu piel y penetraba en tu boca, entre tus labios iba y venía como segueta cortando fierro, sin desesperación ni ánimos de terminar, se minaban por mi falange los restos húmedos de un supuesto manifiesto erótico, con residuos de tu trago de vodka siempre en las rocas.</p>
<p>II. Índice.</p>
<p>Dicen que sirve para señalar, indica, ¿indica qué?, ya en las salientes de mis pechos sólo eran círculos, interminables, el túnel del tiempo o la espiral lisérgica, pis an lov, la sicodelia sin música, sólo la repetición supongo involuntaria de jugar con un pezón como si fuera pelota pegada al piso. Imaginaba que algún día se tendría que desprender, con tantas vueltas que yo le prodigaba, insistente y necio, como si ese chícharo de pronto se transformara en la perilla de un reloj o en un botón que me regalaría unas notas de Berlioz después de oprimirlo, exprimirlo. A veces llorabas y yo tenía que pedir perdón. Me silenciabas con el mismo dedo sobre mi boca, querías mirarme callado, desnudamente callado, mientras sollozabas y rechinabas los dientes, te guardabas tu dolencia bajo una mirada de odio.</p>
<p>III. Corazón</p>
<p>Me dijiste que así se llamaba, me reí, es un pito, aclaré, cómo va a ser un corazón. Así se llama el dedo medio, explicaste paciente, sacaste el libro y hasta dibujos frente a mis ojos para imponer tu exquisita academia, para denunciar y dejar al descubierto mi formación alburera, forjada en la teoría del maestro Rafael Inclán y las películas de ficheras. Cerraba los ojos y sólo te pedía un poco de amabilidad, conmiseración para con mi clítoris, la sutileza que no tenías con mis senos cuando la sangre te hervía. Me gusta tu ranura, decías en mi oído y yo reía por la ocurrencia de tu sustantivo. Mientras experimentaba primero la suavidad de tu yema en el ir y luego la rugosidad de tu uña en el venir, imaginaba tu dedo repasando una y otra vez la abertura de la alcancía donde nunca pudiste guardar más que la imaginación por la riqueza, siempre fuiste un despilfarrador. Mi dedo como preludio.</p>
<p>IV. Anular</p>
<p>Sin anillo. Tus manías de rascarte la nariz o empujar por el puente tus lentes contra la nariz, cada treinta y tres segundos mientras me hablabas de Carlos Fuentes. Golpeabas la mesa para seguir el ritmo, si era un son cubano o un danzón mucho mejor. Me servía para el requinto, compositor frustrado cuando tocaba la guitarra, notas vagabundas sobre el colchón de la matrimonial, sin rumbo fijo, acostumbradas a la libertad de visitar cualquier enjambre acústico, de tu cuerpo, de mi soledad cuando dormías cansada a pierna suelta y en el delirio del ronquido sin medida. Me mordía el anular, antes de borrar lo escrito, al carajo el intento de poesía, sobre el teclado para la k, la l, la p, no gran cosa, en tu piel para repasar tu mejilla, para aquietar las lágrimas, para catapultar los mocos cuando niño.</p>
<p>V. Meñique</p>
<p>Me fastidia el nombre. Pobre de este pequeñuelo que ni para hacer cosquillas. Si fueras pianista le tendrías respeto, ¿sí o no? Tienes cuatro más, por eso lo desprecias. Tu defensa era certera, el que tiene menos fuerza y por lo mismo el más tenue, el más grácil, el más etéreo. Aún así, tus sinónimos no lo enderezan, lo tengo chueco, ya lo ves, curva visible hacia el hermano anterior. ¿Hermanos?, me preguntabas. Sí, míralos en su conjunto, será el día en que los extrañarás como está escrito. Levanta tu ron y observa la elegancia del meñique. Es un huevón, no hace nada. Por lo mismo, tal vez mi nostalgia de él, proviene de lo que nunca hizo. Y sin embargo, siempre anduvo divertido en tu piel. Apreciaba su recuerdo sobre cierta habilidad dérmica desarrollada entre ambos, sin embargo, ahora todo se volvió pretérito, toda esta felicidad figurativa siempre antes de la embolia.</p>
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