Burlesque72

Abrí los ojos, estaba la noche…

Cisnes negros

...te quedarás con este montón de nada.Flashback resumen: “Bajé a las catacumbas y ya ves, aquí estoy, completita”. Clara sostenía la mirada retadora. Invítame un ron ¿no? Clara, tú no tomas. Ya ves que sí, me dijo, fui a las catacumbas, al infierno, tú debes saber. Dejé la lectura de Pound y antes de cerrar el libro se adhirió a mis anteojos la primera frase de un poema:

“Saliste de la noche con flores en las manos.”

¿Anunciación? Sospeché que Clara había vuelto a fumar. Había dejado el vicio. Por salud mental y porque la última vez habló con Dios para solicitarle su jubilación, la de él que no la de ella. “Causó ya demasiado mal en el mundo y yo debo ocupar el lugar de Dios”, me había dicho una tarde soleada en que llegó a la casa con la mirada turbia, los ojos como semáforo en rojo, al borde de la histeria por un vaso de agua. Si me regalas agua te doy mi cuerpo. Me sacó de balance su propuesta y lo primero que hice fue mirar los garrafones vacíos. No la invité a pasar, pero ya estaba sentada en el sillón bebiendo un litro de mezcal. Severo viaje, en el punto donde la sed y la risa. Clara navegaba por mares ignotos comprimidos en refractario de vidrio, la miré a través del cristal que se aferraba a los labios ansiosos, resecos, saturados de surcos navegables. Tenía las facciones deformadas. Un imperio de saturación era evidente y la crudeza de ese rostro era inevitable. Apenas seis meses atrás, Clara se graduaba con honores como periodista en la Carlos Septién y me había buscado para asesorarla en su trabajo de tesis.

Correo electrónico to antoniomonter@hotmail.com: Señor Escritor o debo llamarlo Señor Periodista. Desde que mi padre dejó sobre la mesa un periódico de Michoacán justo en la página de su artículo, hace siete años, me prendí de usted, de su columna llamada Burlesque. Sepa que eso obligó a mi madre a hablarme de sexo, pues aunque nunca me restringió que lo leyera, no era agradable que su niña de 14 años coleccionara textos de erotismo trasnochado, mujeres inconclusas y enfermizas, alter egos emparentados con el ron, el tequila y todo el diccionario que invariablemente se ha inventado usted cada semana para describir la noche, su noche, a partir de entonces también la mía. Para qué se lo describo si usted es el autor. Turbio, lo imagino turbio. Soberbio quizá. Tal vez me equivoque, pero me encanta la manera en que publicita los acantilados. Le pido me conteste. Requiero asesoría para mi tesis. Le parece como punto intermedio entre usted y yo… ¿Bukowski?

“Esperando la muerte como un gato que va a saltar sobre la cama”

C.

Explicación no pedida, acusación manifiesta: Declaro que nunca la toqué. Nunca le puse un dedo encima. Después de aquella tarde enyerbada, Clara salió de la casa y nunca volví a mirar con vida. Fue algún año nuevo cuando me avisaron que su ausencia sería definitiva. Sucumbieron las palabras de su cuerpo, como un lápiz, sus piernas rayaron mi cuaderno y escribieron cosas mientras la ginebra se desbordaba por mi boca. Frente al precipicio de una nostalgia y una canción de Joaquín Sabina, un poema de Verlaine y las doce campanadas…

Correo electrónico to antoniomonter@hotmail.com: Señor Escritor o debo llamarlo Señor Periodista. Me entregaste al martirio de perderte entre mis manos en una caja de laca china. Tu perfume veraniego que huele a decepciones, a partidas sin explicación. Aspiro, suspiro, respiro. Quiero enfermarme de ti. Me deposito en este mar furioso y me entregó a él sin resistencia. Vaciaste los relojes de arena, agotaste sus minúsculas partículas. Lo tangible no es honesto, como tú, aquí a mi lado. Quedé sorda, muda, diluida en tus sombras húmedas, labios rojos, lóbrega parálisis. La luna te ilumina la mitad del rostro, dibuja sombras en el universo de tu falaz constelación. Tu piel mentirosa que asiste lo mismo devaneos que desventuras, que tritura la sequedad de mis huellas digitales. Tu piel es ímpetu descarado, es la barda que separa tu sangre de mis besos, de estos labios que discurren tontamente la memoria de tu cuerpo. Amas a perpetuidad desde tu isla utópica. Pero huyes entre los matorrales del veneno, del recuerdo. Y yo te adopto sin reclamarte nada, te acepto y te diluyes en mis vértebras. Eres embrujo, Nigromante. Y yo divido la noche entre tu recuerdo y los fantasmas de mi soledad. Mis dedos somnolientos ansían tus cavidades, padecen abstinencia y se devoran a sí mismos. Ya dormida parezco muerta. Me asfixié en un beso largo y asimétrico. Lúgubre. Mi piel laxa, seda cristalina, madera, cancionero que musita en los oídos los adioses contenidos. Miseria colectiva. Miseria de soledad cuando te alejas encima de esos tacones firmes, decididos, los tuyos, los míos. Tuve que rasgar tus engaños para no enfermarme más de ti. Dejar morir tus venas. Acorde último. Exactitud de sinfonía. El tic tac inmarcesible, el abandono pertinaz de la sombría mirada, los adioses reclamados y devueltos. Revueltos. Re ¿vueltos? Caminas por las paredes siniestras entorchadas de ira, fino en tu andar de araña mutilada, mirada gélida, sueltas la tarascada en los abrojos de lo que alguna vez fueron mis pulmones, mi aliento se diluye entre tus laminosas piernas. Ácidos alabastrinos. Frenesí de una boca que se traga un par de senos encendidos. Borrasca. Vértigo. Ninfa encarcelada en el contorno perpetuo de una estatua. Caligrafía agreste de rumores amatorios, de ansiedades que arden en la hoguera de la furia, del paroxismo sardónico… infinito. Ánimas que arrojan la pasión en un bramido. Remanso efímero de una sonrisa elástica. Invitación constante a desobedecer la gravedad. Orbito a ti. Tus ardientes cimas se revientan en diluvios de obsidiana, tus simas de humedad incandescente. Llueve por mi geografía, por mi vientre. Soy un ojo que te mira. Silencio otra vez. El ruido de la memoria te nombra en el vacío. Mi ruina no hace mella alguna en tu belleza. Soy tu burdel, asististe a mí con frecuencia, antes que desaparecieran los burlesques y las ficheras, antes que los teibols te dejaran en ruinas con el deseo contenido. Me entiendes, sé que me entiendes…

No es mi muerte lo que me preocupa, eres tú que te quedarás con este montón de nada.

Adiós,

C.

 

marzo 15, 2011 Publicado por | Uncategorized | Dejar un comentario

   

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