Burlesque72

Abrí los ojos, estaba la noche…

El infierno en mis dedos

Qué siento cuando te toco. Qué siento. Qué siento cuando mi mano comienza por tu ombligo. Cuándo lucho contra tu cinturón que ya aprendí a soltar con una ligera presión entre índice y pulgar. Qué siento. Cuándo meto mi mano bajo tu calzón y comienzo a sentir ese ejército de pelillos recortados, como cabeza de militar, de casquete corto. Te toco. Siento como te abres, cómo estás partida por la mitad como todas las mujeres, con la diferencia de que tú no eres todas las mujeres, sino la mía. Tocarte significa poseerte, sí, en la versión del macho que domina a su hembra y lo constata con la trasgresión de su intimidad más sagrada, es mía desde ahí dentro, desde su entraña. Mirarte la cara, mirar cómo te transforma el deseo, cómo esa mirada se entrecierra y se nubla y va y viene y se deja ir, se aleja, se te van los ojos hacia adentro y tengo miedo de que no vayan a regresar, no sé si lo hago bien o mal, si mi técnica es buena, si soy demasiado rudo o tierno, no pienso en eso. Te toco y me sorprende lo amigable de tu cuerpo, lo hospitalario conmigo como si yo fuera un huésped frecuente y conociera meticulosamente tus recovecos, como si me hubieras dado un mapa dos dedos a la izquierda, seis de frente y tres a la derecha para descubrir tu clítoris, ese pedazo de carne húmedo, tu montículo diminuto que me encanta sorber, botón de encendido, play, timbre, ding dong, para calentarte, para abrasarte, para subirte la temperatura, para saber si me deseas también y como preámbulo para invadirte. Recibes mi mano con la violencia de un torrente que se precipita en ansiedad desde tu interior, quiero tocarte los senos, tu ombligo, las que nombras tus lonjas, la entrepierna, tu vagina. Meter mano intenta ser un preámbulo para incinerarte, para cogerte, para cabalgarte, para penetrarte, para todo eso y más. Lo sabes, me lo preguntaste bajo las sábanas, te lo respondí y lo grito cada vez que puedo, cuando tus ausencias me trastornan la existencia y soy un guiñapo, un indigente, una franela de lavacoches, un niño abandonado en ciudad desconocida, una nada que requiere de todo porque ya tiene noción de la existencia de algo, de ti, de la posibilidad, de la promesa, de una trasformación mutua. Tu cuerpo es el infierno en mis dedos.

enero 16, 2009 - Publicado por | Uncategorized

1 comentario »

  1. ¡Bientos..! Así se hace.

    Comentario por Pollo | septiembre 25, 2009 | Responder


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